Hommage à Marcel Hénaff

Suite à la disparition de Marcel Hénaff et afin de lui rendre hommage, le Fonds Ricœur propose  différentes traductions du texte écrit par le philosophe et offert au Fonds Ricœur à l'occasion de la campagne de financement de 2016.
Nous remercions ainsi Luz Ascarate (espagnol), Paolo Furia et Cristina Vendra (italian) et Martina Weingartner (allemand) pour leurs traductions.

 

 

Dar es salir de uno mismo: reciprocidad, gratuidad, solidaridad

                                                       Traduction: Luz Ascarate

"Convertidos en mercaderes y mercancías, no preguntamos ya qué son las cosas sino cuánto cuestan". Uno podría pensar que el autor de esta afirmación es un pensador contemporáneo. Pero es de Séneca (en una carta a su amigo Lucilo). Es el mismo Séneca quien, en su Tratado sobre los beneficios, elogia el gesto generoso como el único capaz de mantener el vínculo que une a los hombres. La sociedad romana de su tiempo –la de la época de Nerón– se ha encerrado en sus egoísmos de clase. Lo único que importa, dice: es dar sin contar, como hacen los dioses.
Pero, ¿qué significa dar? Podemos responder que el acto de dar es, primero para las personas y para los grupos, un movimiento de salida de sí, de reconocimiento del otro y de afirmación del vínculo que nos une a los otros. Este gesto, sin embargo, puede expresarse de maneras profundamente diferentes. Podemos presentar aquí tres formas ejemplares:
Reciprocidad y Pacto - Dar puede tomar una forma ceremonial pública y recíproca como en los intercambios de presentes en las sociedades tradicionales; estos presentes no son principalmente bienes que enriquecen a los beneficiarios, sino símbolos que atestiguan un pacto de reconocimiento entre dos grupos. Su forma más acabada es la alianza exogámica, la cual significa lo siguiente: existe sociedad humana solo gracias a que cada grupo de parientes prohíbe el incesto  (no está permitido casarse ni con su hija o su hermana) y se obliga a aliarse por medio del matrimonio con un grupo diferente al de uno mismo. Es a través del vínculo con el otro que uno es uno mismo. Nacemos en la reciprocidad. Todo grupo humano es unión de lo Mismo y de lo Otro, de Nosotros y de Ellos. Los intercambios de dones renuevan cada vez esta exigencia: debemos dar algo de sí mismos, lo que nos es precioso, y ante todo la esposa por quien pasa vida y quien va al otro, el cual hace lo mismo con nosotros Es este pacto inmemorial el que constituye el carácter único de la especie humana y lo instituye como humano. La sociedad humana comienza en la alianza. Cada uno reconoce al otro como diferente de uno mismo, igual a uno mismo y necesario para uno mismo; lo que se da es la promesa de esto. O más exactamente, es el símbolo (sym-bolon significa literalmente: lo que se une). Tal es el don público recíproco tradicional. No tiene como objetivo ayudar al otro, sino crear o renovar una alianza. Bajo esta forma, ha desaparecido de nuestras sociedades. Entonces, cuando hablamos del don, hoy en día, pensamos ya sea en el don desinteresado y festivo, ya sea
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En el don solidario. Ya no comprendemos el sentido de este don ancestral; lo creemos arcaico, desactualizado. De hecho, el reconocimiento público que lo hacía posible en las sociedades sin estado ahora está garantizado para todos y cada uno por la ley. Pero la ley no es suficiente: socialmente depende de nosotros expresar mutuamente nuestro reconocimiento mediante gestos de civilidad bondadosa, por el respeto otorgado y recibido. Encontramos este espíritu en la Regla de oro: haz a los demás lo que quieras que te hagan a ti.
Gratuidad: charis y agapè - La reciprocidad de la Regla de oro sigue siendo fundamental para nosotros. Pero frente al movimiento actual de mercantilización ilimitada de bienes materiales o inmateriales, sólo los gestos de dar sin condición y de solidaridad totalmente generosa nos pueden sacar del círculo ensimismamiento en la sola ganancia comerciante indiferente a la cohesión social y mantener así entre nosotros el vínculo que define nuestra humanidad. La salida de uno mismo hacia el otro puede tomar una forma unilateral y privada, como el don gentil que uno hace para complacer, para deleitar, sin esperar nada a cambio. No es un pacto (que debe ser público y recíproco) sino un gesto de liberalidad pura, de sobreabundancia. Tenga en cuenta que gracia en griego se dice kharis que significa generosidad, encanto y alegría. Así, lo que uno le da a los seres queridos (hijos, parejas amorosas, amigos) por el placer de dar, esta es la gratuidad. No debemos simplemente definirla negativamente contra la venalidad o contra la reciprocidad. Debe pensarse de manera afirmativa y no por defecto o por oposición. No es correctiva o compensatoria. No es ausencia de relación o rechazo del intercambio. Ella se encuentra más allá, en la excedencia. No genera ni adeuda ni falta. Ella dice el exceso y la plenitud; ella irradia. Tal es la rosa de Angelus Silesius: “La rosa no tiene por qué; ella es simplemente rosa”. Esta gratuidad desinteresada es la que se llama gratitud, la cual no supone o no genera ni exigencia de devolución, ni postura de sumisión. El donante se regocija con la felicidad experimentada por el beneficiario; este a su vez no siente ninguna pesadumbre ni presión del hecho de recibir. Conocemos esta relación: es la misma del amor, cualquiera que sea su forma. Tal es el ágape del que Ricœur nos habla tan enfáticamente. No genera nada más que la alegría de haber recibido y el deseo de agradecer. Es una respuesta sin restricciones. El niño que se emociona por el regalo ofrecido en el que siente el afecto manifiesto o el ser amado que se siente pleno y sumergido por el amor mismo experimentan un exceso que sitúa la relación más allá de toda expectativa de réplica o de cualquier movimiento de sujeción. La sentimiento aquí es el de la apertura.
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Solidaridad, solicitud - Hay una tercera forma de este movimiento de generosidad que nos arranca del círculo de nuestro grupo o de nuestro yo: es el gesto de apoyo al otro que sufre, es la actividad –privada o institucional– de solidaridad Ya no se trata de regalos preciosos como en los dos primeros casos (símbolos de alianza, caso I; testimonios de felicidad, caso II); se trata de compartir bienes que son útiles para la vida y la supervivencia: dar a aquellos que se encuentran en necesidad o incluso en la miseria. Este es el regalo del que habla Levinas: lo que él llama "el regalo que cuesta"; que llega hasta el "sacarse el pan de la boca". Esta tercera forma del don corresponde largamente a todo enfoque reciente sobre la preocupación o el cuidado de los otros. Es la solicitud o lo que se llama en inglés la ética del cuidado. Puesto que la solidaridad no sabría contentarse con acciones puntuales vinculadas a situaciones repentinas de miseria. Ella debe inscribirse en las instituciones, como lo hacen todos los sistemas de protección mutualista con respecto a la salud, el trabajo, el desempleo y los salarios. Ella no es simplemente justicia; es su fuente.
Estas tres formas de dar pertenecen a diferentes órdenes. Explicar uno por el criterio del otro nos expone a la constante confusión del pensamiento o nos hace rendirnos a un moralismo débil. Sin embargo, si nos podemos referir a estos órdenes con la misma palabra, es porque un mismo elemento define su núcleo; ahora lo entendemos un poco mejor: dar, en los tres casos, es salir de uno mismo: 1/ es participar en el reconocimiento del otro y por eso mismo llamarlo también bien, 2/ es abrir una plenitud festiva por la cual la vida es más que la vida, 3/ es trabajar para posibilitar un mundo donde el respeto mutuo presuponga ante todo la justicia en el acceso a los bienes sociales, pero donde igualmente la acción de cada uno pueda dirigirse a cada uno y transmutar el vínculo social en un vínculo vivo de persona a persona.

 


 

Traduction: Paolo Furia, Cristina Vendra

 

« Di volta in volte trasformati in commercianti e merci, non ci chiediamo più cosa siano le cose, ma quanto costino ». Si potrebbe credere che l'autore di questa affermazione sia un pensatore contemporaneo. Invece è di Seneca (in una lettera al suo amico Lucilio). Si tratta dello stesso Seneca che, nel trattato De Beneficiis, elogia il gesto generoso in quanto il solo capace di mantenere il legame che unisce gli uomini. La società romana del suo tempo – quella dell'età di Nerone – si è rinchiusa negli egoismi di classe. Egli vede una sola via d'uscita : donare con gratuità, come fanno gli dei.
Ma allora, che cosa vuol dire donare ? Possiamo rispondere che il gesto di donare è innanzitutto, per le persone e per i gruppi, un movimento di uscita da se stessi, di riconoscimento dell'altro e di affermazione del legame che ci unisce agli altri. Questo gesto, tuttavia, può esprimersi in modi molto diversi. Se ne possono considerare tre forme esemplari :
Reciprocità e alleanza – Donare può assumere una forma cerimoniale pubblica e reciproca come negli scambi di doni delle società tradizionali ; quei doni non sono innanzitutto dei beni che arricchiscono i beneficiari, ma dei simboli a testimonianza di un patto di riconoscimento tra due gruppi. La sua forma più compiuta è l'alleanza esogamica, che significa questo : non esiste alcuna società umana se non in quanto ogni gruppo di consanguinei proibisce l'incesto (non è possibile sposare la propria figlia, né la propria sorella) e si obbliga ad unirsi in matrimoni con un altro gruppo. È attraverso il legame con l'altro da sé, che si è se stessi. Noi nasciamo nella reciprocità. Ogni gruppo umano è l'unione del Medesimo e dell'Altro, di Noi e di Loro. In ogni occasione, gli scambi di doni rinnovano tale esigenza : occorre donare qualcosa di sé, qualcosa di prezioso, per prima cosa una moglie, che trascorre la vita presso l'altro ; il quale fa qualcosa di analogo verso di noi. È questo patto immemoriale a costituire il carattere unico della specie umana e la istituisce in quanto umana. La società umana comincia nell'alleanza. Ognuno riconosce l'altro in quanto differente da sé, uguale a sé, necessario per sé ; l'oggetto donato è il pegno di questo riconoscimento. O, più precisamente, ne è il simbolo (syn-bolon significa, letteralmente, ciò che è messo insieme). Tale è il dono pubblico reciproco tradizionale. Non ha per fine di aiutare l'altro, ma di creare o rinnovare un'alleanza. In questa forma, esso è svanito nelle nostre società. Quando parliamo di dono, oggi, pensiamo al dono festivo oppure al dono solidale. Non comprendiamo più quel tipo di dono ancestrale ; lo crediamo arcaico, superato. In effetti, quella forma di pubblico riconoscimento che esso permetteva nelle società prive di Stato, ci è ormai garantita, a tutti e a ciascuno, dalla legge. Eppure la legge non è sufficiente : a livello sociale dobbiamo costantemente esprimere mutualmente il nostro riconoscimento tramite dei gesti di benevola civilità, attraverso il rispetto accordato e ricevuto. Se ne ritrova lo spirito nella Regola d'oro : fa al prossimo ciò che vorresti venisse fatto a te stesso.

Gratuità: grazia e amore disinteressato – La reciprocità della Regola d’oro rimane per noi fondamentale. D’altra parte, di fronte all’attuale movimento di mercificatione illimitata dei beni materiali o immateriali, soltanto i gesti del donare senza condizioni e della solidarietà completamente generosa possono permetterci di uscire dal cerchio del ripiego sul solo profitto commerciale indifferente alla coesione sociale e quindi di mantenere tra noi il legame che definisce la nostra umanità. L’uscita di sé verso l’altro può prendere una forma unilaterale e privata come il dono grazioso che facciamo per far piacere, per offrire, senza pretendere nulla in cambio. Tale dono non è un patto (che deve essere pubblico e reciproco) ma un gesto di pura liberalità, di soprabbondanza. Osserviamo che grazia in greco si traduce con kharis che significa allo stesso tempo generosità, fascino e gioia. Cosi doniamo agli esseri amati (bambini, innamorati, amici) per il piacere di donare. Questa è la gratuità. Non bisogna semplicemente definirla negativamente contro l’avidità o contro la reciprocità. Bisogna pensarla in modo affermativo e non per difetto o per opposizione. Essa non è correttrice o compensatrice. Essa non è assenza di relazione o rifiuto dello scambio. Essa si trova altrove, nel sovrappiù. Essa non causa nè il debito nè la mancanza. Essa esprime l’eccesso e la pienezza; essa irradia. Questa è la rosa dell’Angelo Silesio: “la rosa è senza perché; essa è semplicemente la rosa”. Questa gratuità graziosa è quella che chiama la gratitudine, la quale non suppone e non genera nè esigenza di ritorno, nè postura di sottomissione. Il donatore gioisce della felicità provata dal beneficiario; quest’ultimo dal canto suo non sente alcun peso o alcuna pressione del fatto di ricevere. Conosciamo questa relazione: è quella stessa dell’amore, qualsiasi sia la sua forma. Questo è l’amore disinteressato di cui parla così profondamente Ricoeur. Essa non comporta nulla al di fuori della gioia di aver ricevuto e del desiderio di ringraziare. Essa è una risposta senza costrizione. Il bambino che esulta per il regalo offerto nel quale prova l’affetto manifestato o l’essere amato che si sente colmato e sommerso dall’amore stesso, fanno l’esperienza di un eccesso che colloca la relazione fuori da ogni attesa di replica o da ogni movimento di sottomissione. Il sentimento qui è quello dell’apertura.

Solidarietà, sollecitudine – esiste una terza forma di questo movimento di generosità che ci strappa dal cerchio del nostro gruppo o del nostro me: è il gesto del sostegno all’alterità sofferente, è l’attività – privata o istituzionale – della solidarietà. Non si tratta pià di regali preziosi come nei due primi casi (simboli di fede, caso I; testimonianza di felicità, caso II); si tratta di una condivisione di beni utili alla vita e alla sopravvivenza: donare a coloro che sono nel bisogno o addirittura nello sgomento. È il dono di cui parla Lévinas: quello che chiama “il dono che costa”; che arriva fino a “togliersi il pane dalla bocca”. Questa terza forma di dono corrisponde molto ampiamente al recente approccio della preoccupazione o della cura degli altri. È la sollecitudine o ciò che in inglese viene chiamata etica del cura (care). Perché la solidarietà non saprebbe accontentarsi di singole azioni legate a situazioni improvvise di indigenza. Essa deve iscriversi nelle istituzioni, così come tutti i sistemi di mutua protezione riguardanti la salute, il lavoro, la disoccupazione, i salariati. Essa non è semplicemente la giustizia; essa ne è la sorgente.
Queste tre forme del donare appartengono a degli ordini differenti. Spiegare uno attravero i criteri dell’altro significa esporsi a delle confusioni costanti del pensiero o cedere a un debole moralismo. Pertanto se uno stesso nome è applicabile a esse è poichè uno stesso elemento ne definisce il nucleo, comprendiamo adesso un po’ meglio: donare, nei tre casi, significa uscire da sé: 1/ significa impegnarsi nel riconoscimento d’altri e in tal modo chiamarlo, 2/ significa aprire una pienezza festiva da dove la vita è pià che la vita, 3/ significa rendere possibile un mondo dove il rispetto recirpoco suppone in primo luogo la giustizia nell’accesso ai beni sociali ma dove ugualmente soltanto l’azione di ognuno piò indirizzarsi a ogni altro e tramutare il legame sociale in legame vivente da persona a persona.

 



Marcel Hénaff: Geben heißt sich selbst entäußern

Übersetzung: Martina Weingärtner


Zu Ehren des im Juni 2018 verstorbenen Marcel Hénaff veröffentlicht der Fonds Ricœur seinen Text „Donner c`est sortir de soi“, einen Beitrag im Rahmen der Spendenaktion des Fonds Ricœur 2016.
„Seit wir wechselweise Verkäufer und Gekaufte geworden sind, fragen wir nicht mehr nach Beschaffenheit und Wesen der Dinge, sondern nach ihrem Preis.“ [Briefe an Lucilius, 115, 10]
Man könnte annehmen, dass der Autor dieser Aussage ein Zeitgenosse sei. Es ist jedoch Seneca (in einem Brief an seinen Freund Lucilius). Es ist derselbe Seneca, der in seinem Werk „Über die Wohltaten“ (De Beneficiis) die großzügige Geste lobt, welche als einzige dazu fähig ist, die einende Verbindung zwischen den Menschen zu erhalten.
Die damalige römische Gesellschaft – jene neronische Epoche – hatte sich in den Egoismen der (reichen) Klasse verschanzt. Für ihn bleibt ein einziger Ausweg: Geben ohne aufzurechnen, wie es die Götter tun.
Aber was bedeutet „geben“? Es ließe sich darauf antworten, dass die Geste des Gebens zunächst für Personen und Gruppen eine Bewegung des Ausgangs aus dem Selbst darstellt, der Anerkennung des Anderen und der Bekräftigung der Beziehung, die uns mit den Anderen verbindet.
Allerdings kann sich diese Geste auf sehr unterschiedliche Weisen ausdrücken. Man kann dabei drei exemplarische Formen festhalten:
Gegenseitigkeit und Bündnis.
Geben kann eine zeremonielle, öffentliche und wechselseitige Form annehmen, vergleichbar dem Austausch von Geschenken in traditionellen Gesellschaften. Diese Geschenke sind nicht in erster Linie Güter, welche die Empfänger bereichern, sondern Symbole, die von einem Pakt der Anerkennung zwischen zwei Gruppen Zeugnis geben. Ihre vollendete Form bildet die exogame Allianz, d.h.: Es gibt menschliche Gesellschaften nur dadurch, dass jede Gruppe von Blutsverwandten Inzest verbietet (man kann weder seine Tochter noch seine Schwester heiraten) und sich verpflichtet ein Bündnis mit einer anderen Gruppe durch Heirat einzugehen. Erst in der Verbindung mit dem Anderen [, das nicht das Selbst ist,] wird man zum Selbst. Wir entstehen in der Gegenseitigkeit.
Jede menschliche Gruppe ist eine Verbindung von Selbst und Anderem, von Uns und Euch. Jeder Austausch von Gaben erneuert diese Anforderung. Man muss einen Teil von sich selbst geben, der uns kostbar ist; [als höchste Gabe] ist dies die Gattin, durch die sich das Leben vermittelt und die [gleichzeitig] zum Anderen geht. Dieser verfährt uns gegenüber in gleicher Weise.
Dieser urzeitliche Pakt konstituiert den einzigartigen Charakter der Gattung Mensch und instituiert ihn so als menschlich. Die menschliche Gesellschaft beginnt im Bündnis. Jeder erkennt den Anderen als unterschieden von, gleichgestellt mit und notwendig für sich an. Die dabei übergebene Sache ist das Unterpfand. Oder genauer: ist dabei das Symbol (sym-bolon bedeutet wörtlich: das, was zusammengefügt ist). Das ist die öffentliche gegenseitige traditionelle Gabe. Sie zielt nicht darauf ab, dem Anderen zu helfen, sondern ein Bündnis zu stiften oder zu erneuern. In dieser Form ist die Gabe aus unseren Gesellschaften verschwunden. Wenn wir heute von Gabe sprechen, dann denken wir entweder an die großzügige festliche Gabe oder an die solidarische Gabe. Wir verstehen darunter nicht mehr diese uralte Gabe; wir halten sie für archaisch, überholt. Tatsächlich wird die öffentliche Anerkennung, die in Gesellschaften ohne staatliche Strukturen durch die Gabe gewährleistet wurde, uns nunmehr von dem Gesetz garantiert. Doch das Gesetz reicht nicht aus: in sozialer Hinsicht ist es unsere andauernde Aufgabe durch Gesten der wohlwollenden Höflichkeit, durch erwiesenen und erhaltenen Respekt, unsere Anerkennung wechselseitig auszudrücken, Darin drückt sich der Geist der Goldenen Regel aus: Tue am Anderen so, wie du willst, dass auch er dir tut! [Vgl. Matthäus 7,12]
Unentgeltliche Gabe:
Gnade und Liebe -  die Gegenseitigkeit der Goldenen Regel bleibt für uns fundamental. Doch angesichts aktueller Entwicklungen der unbegrenzten Kommerzialisierung materieller und immaterieller Güter, erlauben uns einzig die Gesten bedingungslosen Gebens und der gänzlich freigiebigen Solidarität aus dem Zirkel herauszutreten, der einen Rückzug allein auf den profitorientierten Handel darstellt und sich gleichgültig gegenüber dem sozialen Zusammenhalt verhält; die Gesten können so zwischen uns die Verbindung aufrechterhalten, die unsere Menschlichkeit bestimmt. Der Ausgang aus dem Selbst hin zu dem Anderen kann eine einseitige und private Form annehmen, wie die gnadenreiche Gabe, die zur Freude, zum Genuss übergeben wird ohne eine Gegenleistung zu erwarten. Das ist kein Pakt (der öffentlich und reziprok sein muss), sondern eine Geste reiner Freigiebigkeit, der Überfülle. Wir bedenken, dass Gnade auf Griechisch charis heißt und zugleich Großzügigkeit, Charme bzw. Zauber und Freude bezeichnet. So geben wir den geliebten Menschen (Kindern, Liebespartnern, Freunden) um der Freude des Gebens willen. Das ist die unentgeltliche Gabe [, die Gnade]. Man sollte sie nicht einfach negativ zur Käuflichkeit oder zur Wechselseitigkeit bestimmen. Man muss sie bejahend denken und nicht über den Mangel oder den Gegensatz. Sie meint keine Korrektur oder Kompensation. Sie stellt nicht die Abwesenheit von Beziehung dar oder die Verweigerung des Austauschs. Sie ist andernorts, darüber angesiedelt. Sie generiert weder Schuld noch Mangel. Sie formuliert den Überschuss und die Fülle. Sie strahlt. Das ist die Rose von Angelus Silesius: „Die Rose ist ohne Warum; Sie ist einfach nur die Rose“.  Diese gnadenhafte Gabe ruft Dankbarkeit hervor, weder setzt sie voraus, erzeugt, noch fordert sie Erwiderung oder eine Haltung der Unterwürfigkeit. Der Geber erfreut sich an der erlebten Freude des Empfängers. Dieser wiederum empfindet keinerlei Druck oder Zwang anzunehmen. Diese Verbindung ist bekannt: es ist die gleiche Verbindung in der Liebe, gleich welcher Form. Hier handelt es sich um die Agape, von der Ricœur so eindringlich spricht. Sie verursacht nichts, außer der Freude empfangen zu haben und dem Wunsch zu danken. Sie ist eine Antwort ohne Zwang. Das Kind, das über das Geschenk jubelt, in welchem es die bekundete Zuneigung erfährt oder das geliebte Sein, das sich von der Liebe selbst erfüllt und überwältigt fühlt, beide machen die Erfahrung des Übermaßes, welche die Beziehung jenseits aller Erwiderungserwartung oder Unterwerfungshaltung verortet. Das Gefühl, worum es sich hierbei handelt ist das der Öffnung.
Solidarität, Fürsorge:
Es gibt eine dritte Form der Regung an Großzügigkeit, die uns aus dem Kreis unserer Gruppe oder unseres Selbst entreißt. Es ist die Geste der Unterstützung des Anderen, der leidet. Das ist die private oder institutionelle Tätigkeit der Solidarität. Nun geht es nicht mehr um kostbare Geschenke wie in den beiden ersten Fällen (Fall I: Symbole des Bündnisses; Fall II: Zeugnisse des Glücks); Es geht um die Verteilung der für das Leben und Überleben nützlichen Güter: jenen zu geben, die in Not und Elend leben. Von dieser Gabe spricht Lévinas, von „der Gabe, die ihren Preis hat“, indem sie so weit geht, sich das Brot vom Mund abzusparen. Diese dritte Form der Gabe entspricht weitestgehend dem ganzen neueren Ansatz der Achtsamkeit oder der Sorge um Andere. Das ist die Fürsorge oder „Ethics of Care“, wie es im englischen Sprachgebrauch benannt wird.
Denn die Fürsorge kann sich nicht mit punktuellen Handlungen in Bezug auf plötzliche Notsituationen begnügen. Sie muss sich in die Institutionen einschreiben, wie es alle Systeme des wechselseitigen Schutzes tun, die Gesundheit, Arbeit und Arbeitslosigkeit und Lohn betreffen. Sie ist nicht einfach die Gerechtigkeit, sie ist darin deren Quelle.
Diese drei Formen des Gebens erscheinen in unterschiedlichen Ordnungen. Wollte man eine Form durch Kriterien einer anderen erklären, so würde man sich kontinuierlichen Verwirrungen aussetzen oder einem schwachen Moralismus beugen.
Aber wenn ein gemeinsames Wort auf sie angewandt werden kann, bedeutete dies, dass ein gemeinsames Element darin den Kern trifft: es ist nun ein wenig verständlicher: Geben, in den drei Fällen, das heißt sich selbst entäußern. Das bedeutet: 1) sich für die Anerkennung des Anderen einzusetzen und dadurch in gleicher Weise ihn auch so (als den Anderen) zu benennen; 2) eine festliche Fülle zu eröffnen, durch die das Leben mehr ist als das bloße Leben; 3) darauf hinzuwirken eine Welt zu ermöglichen, in welcher der wechselseitige Respekt zunächst die Teilnahmegerechtigkeit an sozialen Gütern voraussetzt, aber in der gleichermaßen allein die Handlung jedes Einzelnen sich an jeden richten kann und soziale Bindung ein eine lebedinge Bindung von Person zu Person verwandeln kann.